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Un día muy triste para toda Europa.

El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo.

Winston Churchill.

Vivimos en un mundo acelerado donde la velocidad es aparente sinónimo de beneficio económico. Por ello las películas no duran en los cines, ni las noticias en los medios de comunicación y las modas cambian con pasmosa rapidez. El capitalismo actual agota los recursos, los mercados, a los trabajadores y a los consumidores. Por eso debe, cada vez más rápido, descubrir nuevos yacimientos, nuevos nichos, nuevos objetivos comerciales para recapitalizarse más rápido. Toda la economía financiera, que no produce nada, -pero que es mayor parte del montante ilusorio de los dineros y valores que giran por el planeta-, necesita exprimir hasta la última gota de jugo, de plusvalía de productividad real. Al no conseguirlo, o al hacerlo, genera cada vez mayores tensiones económicas y, por consecuencia, políticas y sociales. Los efectos se observan en América Latina, en Asía, Norteamérica y Europa, pronto en África.

Los políticos y los gobiernos se encuentran cada vez más sometidos a los sondeos, a las presiones de los lobbies, con lo que su actitud es cada vez más defensiva. Todos los partidos políticos buscan con ansia un poder político que no ejercerán si llegan al poder, por miedo a perderlo. La paradoja es tal, que se intenta contentar a todos los grupos e intereses, a todas las opiniones. Se gobierna sin programa, adaptando el twit y la declaración a las supuestas necesidades, tendencias y pasiones del momento. Los políticos están vaciando de ideología la política. Al mismo tiempo se muestran más intransigentes y violentos, menos dado a un consenso indispensable en muchos casos. Por ejemplo en las grandes líneas de la política social, económica o a Europa.

El Roto, genio cada día. Fuente El País.

El Roto, genio cada día. Fuente El País.

Los medios de comunicación, tiburones sin escrúpulos, son capaces de sacar en antena a una persona en pleno shock ras un atentado o a cualquier líder nacionalistas, populista o de extrema derecha con tal de que la audiencia suba un punto. El valor crítico e informativo de los medios de comunicación ha sido reducido a la mínima expresión. Es preocupante que en la era de la información todas las noticias se parezcan y no existan verdaderos canales de reflexión en información útil. Pasiones desatadas es lo único que nos ofrecen los medios, como en un partido de fútbol

Por último los ciudadanos somos los principales responsables del desvarío. Porque somos nosotros los economistas de los fondos de inversión; los empresarios; los albañiles y las enfermeras; los duelos de los bancos; los que compramos pisos, coches y sartenes; somos nosotros los trabajadores, los jubilados, los niños y los estudiantes. No solo somos los que votamos y los que consumimos, somos también los individuos que decidimos; somos los ministros que planeamos las políticas; somos los policías que vigilamos las fronteras; somos los ladrones que no declaramos el IVA. Lo somos escupiendo a los inmigrantes, exprimiendo a los trabajadores, reduciendo los márgenes de los agricultores. Somos nosotros Europa, lo somos cruzando las fronteras sin pasaporte y estudiando gracias a ERASMUS; pagando en euros en Finlandia, viviendo en Francia, trabajando en Italia y enamorándonos de un polaco. Europa no existe sin los seres humanos que la componen y que a diario toman mil y una decisiones que la hacen hundirse o no.

Gran Bretaña se va…

El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Winston Churchill. Téngalo en cuenta señor Cameron.

“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”. Winston Churchill. Téngalo en cuenta señor Cameron.

Ayer los británicos votaron por la salida de su país de la Unión. La estulticia de su primer ministro David Cameron le ha salido por la culata. Pensó sacar réditos políticos y desviar la atención de la opinión pública de los problemas realmente importantes con un referéndum de pacotilla que ha golpeado a la maltrecha Europa. Hoy ha dimitido, sin haber gobernado, sin haber usado de su poder para decidir nada. El Partido Laborista, partido socialista más antiguo del mundo continua por la senda de la desorientación con un líder que afirma su izquierdismo pero es incapaz de ver en Europa un ámbito para la justicia social. El partido ultraderechista UKIP con un diputado en la Cámara de los Comunes y el 12% de los votos ha dirigido una campaña falaciosa de la que es el único vencedor. Los nacionalistas escoceses e irlandeses se frotan las manos pensando en nuevos referéndums. Los próximos años en Gran Bretaña no verán mucha política en sus programas, sólo más populismo, más banderas y xenofobia.

La salida de Gran Bretaña no supondrá, en principio, un grave perjuicio económico real para el resto de Europa. Su economía está muy orientada hacia las finanzas y no estaba incluida en el Euro. Eso sí, la parte real de su producción tendrá ciertos problemas para venderse en Europa, por motivos fiscales, económicos y, por el posible rechazo, con el que los europeos trataran a todo lo británico. Pero lo más grave puede ser la inestabilidad de los mercados que amenaza con provocar nuevas tensiones financieras cuando la crisis de la deuda griega parecía haberse estabilizado.

Con todo, hay que recordar que Gran Bretaña, -sus gobiernos y ciudadanos-, han sido mayoritariamente un freno y un lastre en la Unión europea. Han torpedeando incesantemente toda política -agraria, de defensa, de regulación fiscal, de los mercados financiero o la banca-, mientras recibían los regalos del resto de los europeos. Gran Bretaña nunca ha contribuido a los fondos europeos con el montante que le correspondía por su riqueza con lo que el Reino Unido se ha labrado una merecida fama de quintacolumnista. Las peores consecuencias deberían ser para los ciudadanos británicos que aman Europa, que viven en ella y que seguían queriendo participar en un proyecto, con miles de defectos pero que ha hecho del continente un remanso de paz en comparación con la historia de los dos mil años precedentes.

Pero el mal ejemplo británico dará alas a los movimientos extremistas de Francia, Suecia, Dinamarca o incluso Holanda, a los movimientos separatistas de España, Bélgica, Italia, contaminando el debate político con cuestiones identitarias, fronteras y barreras entre los ciudadanos. Europa necesita ideología política y políticas, no ideologías nacionalistas y xenófobas. 

La salida del Reino Unido es un jalón más en la tristeza y la pena que inunda a quienes pensamos que Europa no es una nación sino algo mucho más importante y positivo. Europa es un concepto, una filosofía política, es una idea con mayor legitimidad y mayor potencialidad que cualquier nacionalismo. Europa no se basa en la lengua ni en el color de la piel, no tiene en cuenta los origines, la religión o el sexo, Europa es un compendio de la historia enloquecida de tres continentes, de miles de años de guerras y desastres. Europa debería englobar todo lo positivo de la historia pasada, donde las influencias de todos los territorios adyacentes, de miles de invasiones y mezcolanzas han provocado ese inmenso crisol bastardo que somos los belgas, los finlandeses, los griegos o los españoles. Un pasado donde el nacionalismo casi acabó con el continente dos veces. Un pasado que creó las bases del racionalismo, la política y la identidad basada en el respeto y el disfrute de la ley justa.

Hoy, el dilema se hace cada vez más presente. Deberemos escoger entre un camino de decenas de naciones de pacotilla en un neomedievo postmoderno o ciberpunk, donde intentos de micro Estados puros se hacen la guerra constantemente bajo la mirada atenta de las corporaciones y los mercenarios. O el de un proyecto común que nos funda y difumine nuestros países caducos haciendo desaparecer las identidades nacionales y regionales sublimando nuestras obligaciones y derechos como individuos y ciudadanos.

Europa como solución y futuro.

Cuando llegamos a una ciudad vemos calles en perspectiva. Líneas de edificios sin sentido. Todo es desconocido, virgen. Pero, después cuando hayamos caminado por esas calles y hayamos llegado al final de esas perspectivas habremos conocido esos edificios y habremos vivido historias con la gente de la ciudad. Y cuando hayamos vivido en esa ciudad, habremos recorrido esa calle dix, veinte, mil veces. Al cabo de un tiempo la ciudad nos pertenece porque la hemos vivido.

L’Auberge Espagnol, Cédric Klapish.

En China, en EEUU o Japón, italiano o alemán no conceptos inteligibles, catalán o piamontés provocan la indiferencia general. Todos son europeos. Aprovechemos la oportunidad, destruyamos nuestros Estados para crear uno mayor, más sólido y útil, capaz de luchar contra los mercados y las empresas trasnacionales. Regulemos la economía y la sociedad, demos educación salud y ocio, oportunidades a nuestros ciudadanos y ayudemos a los del resto del mundo. Parece una utopía, pero sólo precisa de un cambio estructural hacia una economía del placer y del disfrute, donde el trabajo y la producción de beneficios y objetos no sean el centro. Una gestión cabal de los recursos, basada en el consumo responsable y útil, el reciclaje, las energías limpias, etc… Tenemos todo lo necesario para que toda la población del planeta pueda vivir confortablemente, sólo es necesario intentarlo. Y en caso de no conseguirlo explicar porque no se ha podido lograr. Para volver a intentarlo.

Europa debe existir y debe cooperar, fundirse progresivamente con nuestros vecinos turcos, magrebíes, rusos… Pero debe hacerlo con la razón por estandarte, con las condiciones innegociables de leyes e instituciones justas. Exigiendo el respeto exquisito de los derechos humanos y de una sociedad de bienestar. Debe crecer con el vigor necesario para saber decir no, para influir positivamente y para conseguir que el beneficio propio sea beneficio del vecino.

Por muy difícil que sea, este camino parece mucho más deseable, sencillo, factible, positivo y estable política, social y económicamente que el nacionalismo de la frontera y del muro, el de la xenofobia y del populismo. Porque cuando se acaben las proclamas populistas y las soluciones no caigan del cielo, la única alternativa será el conflicto y la guerra. Yugoslavia se deshizo en sangre en los años 1990. Los europeos somos expertos en la cuestión.

Volveremos a estar juntos.

Europa es democrática porque los europeos votamos a nuestros diputados y gobiernos, los que deciden las políticas europeas. No sirve el argumento del chivo expiatorio. Bruselas y Europa hacen lo que deciden nuestros representantes. Las políticas de Europa son las políticas de nuestros gobernantes, es decir son el resultado de nuestras decisiones individuales.  Más aún, ho hay ninguna negación democrática cuando en un club, organización o institución se decide algo por mayoría. La tiranía se oculta en el grito del perdedor irritado por que no se hace lo que el dice.

Más pinceladas de sabiduría. EL Roto, Fuente El País.

Más pinceladas de sabiduría. EL Roto, Fuente El País.

Demonizar Europa provoca que los medios de comunicación se agarren al argumento y lo expriman hasta la sociedad creando fáciles corrientes de opinión. Si queremos cambiar las políticas a cualquier nivel, desde el municipal hasta el Europeo, será necesario cambiar a los representantes, no al modelo que permite cambiarlos. Y si los cambiamos háganoslo bien, elijámoslos bien, no nos contentemos con decir que son nuevos o que hay que darles una oportunidad. No se dan oportunidades a los tiranos. Las aprovechan.

Europa se llena de populistas que ocultos tras pieles de cordero no son más que lobos llenos de odio fácil o nuevos vendedores de humo. Los partidos de gobierno tradicional (Conservadores y liberales por un lado; socialistas y socialdemócratas por el otro) tienen una gran responsabilidad en el fracaso, por su necedad y falta de ideología. De su obsesión por el poder vacuo han nacido los extremistas y aprendices de tiranos.

Los nuevos partidos que han surgido entre la crisis y la desgana comenten un grave error al copiar las maneras y los hábitos. Seguir la senda de la falacia y sumergirse en un radicalismo también vacío, sólo consigue reducir su capacidad de influencia y de potencial cambio, negándoles la ventaja de la novedad y ausencia de pasado político.

Los partidos populistas y los extremistas se aprovechan de todo lo anterior amenazando a Europa con tiempos en donde las camisas marrones campaban a sus anchas.

Precisamente frente a ellos El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda se alzó tras los blancos acantilados de Dover como la última barrera contra la dictadura. En 1940, hace muy poco, fue el único reducto de libertad en una Europa sometida al nazismo y el fascismo. Y siguió ahí sufriendo bajo las bombas, aislada y erguida, refugio de todos los europeos con agallas que huyeron de sus países para enrolarse en el British Army y morir sobre el Canal de la Mancha protegiendo al país de la libertad. La Europa de hoy le debe todo al Reino Unido, que estuvo a un tris de pactar con Hitler, pero que tuvo la ventaja de contar con políticos de talla, capaces de enfrentase a la opinión pública, de gobernar y de saber perder el poder cuando fue preciso. Miles y miles de británicos murieron junto a miles de extranjeros para que el resto de los europeos fueran libres. Lo dijo el viejo Churchill, “nunca tantos debieron tanto a tan pocos”, lo repito yo, europeo, pensando en los británicos. Sus tumbas pueblan los cementerios de Francia, de Bélgica y Holanda, de Italia y Grecia. Olvidar lo que se debe nunca ha sido ni honorable ni sensato.

Gran Bretaña nos ha dejado y hoy somos menos y somos peores. Gran Bretaña se ha equivocado. Gran Bretaña se va pero no se mueve, seguirá ahí a dos pasos de Francia, a uno de España en Gibraltar. Pero volverá. Cuando lo haga, será con condiciones. Deberá hacerlo como uno más, como miembro de pleno derecho de una Europa que espero mas fuerte y más justa, una Europa con leyes y derechos comunes sin salvaguardas ni privilegios de ningún tipo. Una Europa donde quepa todo el mundo donde ya no existan británicos ni húngaros sino sólo ciudadanos.

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El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.

Winston Churchill.