Mediateca François Sagan de Burdeos, una de las más innovadoras de Francia.

Mediateca François Sagan de Burdeos, una de las más innovadoras de Francia.

La actualidad se acelera y parece que lo peor de la historia vuelve a flote. Entre tanto, junto a ello, cada acto, cada hecho, implica, resume, explica, al menos en parte, los cambios que se van produciendo. Hoy querríamos hablar de algo más optimista, menos pesado, comentando la evolución de las bibliotecas y mediatecas, pero al final casi nunca es posible. Nos explicamos, un par de artículos de principios del año que se acaba, explicaban la evolución de las mediatecas en Francia.

Las mediatecas, ¿bibliotecas o algo más?

La cambios en la cultura, los nuevos soportes donde ésta se encarna o se deshace obligan a las bibliotecas a cambiar tanto su disposición arquitectural como los contenidos que se ofrecen en ellas. Si la tendencia mundial es la de privatizar y rendirse a los gustos del consumidor, los peligros que ello conlleva son muy graves. Si el Estado no ejerce su función reguladora entre mercado y ciudadanía, si los gobiernos no son capaces de proteger las diferencias, los objetos y manifestaciones culturales que no siguen la norma de los mercados, la cultura se empobrecerá. Y con ello la capacidad de los ciudadanos para resistir a las ideas simples, a los políticos tiránicos y los cantos de sirena del consumismo. Con la defensa de la diferencia cultural no nos referimos en absoluto, a la protección de las llamadas minorías culturales, los idiomas poco hablados o el folklore olvidado, muchas veces afortunadamente. Se trata de defender todas las manifestaciones culturales, no sólo a las que otorgamos una (falsa) etiqueta de autenticidad. Todas las manifestaciones de la humanidad son cultura y todas merecen existir. Muchas únicamente como contraejemplo a no seguir, otras como experiencias personales únicas, otras como modas vacías, otras duraderas, todas como objetos de análisis y conocimiento. No se trata del multiculturalismo que obliga al individuo a ser lo que fueron sus padres o el supuesto grupo étnico o nacional al que pertenece. No, nada que ver. La cultura es diversidad, diferencia, discusión, disputa, y lo es esencialmente. Cada individuo posee una cultura única y diferente, con raíces bastardas surgidas de su experiencia y recorrido. Pero eso no hace a su cultura, ni a la de su grupo, ni única, ni mejor. Porque la cultura o lo es todo y por tanto accesible a todos, o se convierte en un código privado que como los idiomas o el status se usa para marcar diferencias. La cultura es un coctel global que, por suerte, evoluciona y cambia. Para bien o para mal.

Pero volvamos al objeto, la mediateca y sus cambios. Francia ha invertido mucho dinero en la reforma y adaptación de las mediatecas del país, cambiando no solamente los fondos sino la disposición de los espacios y las actividades que en ellas se ofrecen. Francia, con todo, no es pionera sino que continua la senda de países como Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos, los lugares de siempre, que siempre van en la vanguardia educativa. Aunque esto no les haga inmunes a la estupidez, el populismo y los fanatismos. Quizá un poco menos, quizá.

Los cambios son muy importantes ya que se inscriben en una revolución cultural mundial. Hoy el libro, la forma de transmitir la cultura y la literatura ha cambiado. Internet, el WI-FI y las redes sociales modifican la forma de acercarnos a la información, el ocio y finalmente la cultura. Los cambios son vertiginosos y modifican industria, la literatura, televisión y prensa. Ante esos cambios, la exigencia para rentabilizar la inversión pública es cada vez más frecuente. Y rentabilizar siempre se refiere a números no a cultura, a aprendizaje o duda. Los gobiernos sucumben cada vez más a menudo al populismo y la demagogia, con el peligro de utilizar la cultura como medio de propaganda y adormecimiento. El opio del pueblo lo puede ser todo, no en vano uno de los primeros actos de los partidos ultraderechistas de Europa es filtrar los libros de las bibliotecas en los ayuntamientos que gobiernan. Por ahora no queman libros, sólo los censuran. Y promueven el folklore más rancio y conservador. Por ello, es de saludar que en Francia aún el Estado se preocupe más por la salud intelectual de los ciudadanos que por el aculturamiento o el mero fomento del consumo indiscriminado.

Más mediatecas, más bonitas y más diversas.

Mediateca de Montauban, inaugurada en 2012, destaca por su aspecto exterior.

Mediateca de Montauban, inaugurada en 2012, destaca por su aspecto exterior.

Las casi 8 mil mediatecas de Francia van cambiando la imagen clásica de las bibliotecas. Se amplía la parte dedicada a la infancia y la juventud, se abren espacios de encuentro, de convivencia, disfrute y reposo. La Mediateca es un lugar donde leer; participar en cursos de todo tipo; echar una siesta; ver una película; jugar con los ordenadores; enchufarse al WI-FI; un lugar donde los emigrantes o quienes no poseen ordenador pueden hablar con sus seres queridos al otro lado del país o del mundo.

En Francia, como muchos países, la calle no es un ámbito lúdico ni de encuentro social. Nada que ver con en España y otros países del sur y este de Europa, o de otros continentes. Precisamente por ello, las bibliotecas, los centros sociales son un lugar donde la gente se encuentra, conversa, saluda a los vecinos, se entera de las novedades. Sobre todo, en las ciudades pequeñas y pueblos, que en Francia es la mayoría. A la par, en las grandes urbes y conurbaciones como París, la mediateca sirve de centro cultural y social, donde el Estado puede aplicar políticas de educación y formación, de integración, un lugar donde el mérito y el esfuerzo se vean recompensados con el aprendizaje. La importancia de estos lugares, espacios públicos regulados por el gobierno, es importantísima. Lo es cuando los gobernantes y las políticas públicas, aspiran a dar a conocer el mundo y su diversidad, a eliminar supersticiones y folklores anquilosados en creencias y tradiciones antiguas pero absurdas.
La receta es que no hay receta, sólo ciertos elementos básicos que permiten el debate y la existencia de las opiniones distintas. Ni la tradición es buena por vieja, ni el progreso es positivo por el mero hecho de ser moderno. El valor de las ideas, las actitudes y los comportamientos, así como el de las costumbres o tradiciones, antiguas o modernas, reside únicamente en lo que ella propugne, en su valor racional intrínseco, la antigüedad ni da ni quita valor. Es el valor, la utilidad para aumentar el conocimiento, para realizar la autocritica, para crear valores comunes que protejan a las personas sin excluir a otras personas. El debate sobre esto sería inacabable, pero precisamente ese es su interés, el que exista, que sea maleable y acepte la crítica y la autocrítica. Para todo ello, la biblioteca como centro de cultura es esencial. Como lo es el polideportivo y el deporte; la plaza pública, la fiesta y la juerga; los senderos que llevan al monte o las playas donde se baña la gente; la naturaleza, los animales y el resto de la gente.

La mediateca cambia, ¿pero cuál es el rumbo?

Los cambios sociales hoy son inevitables, no hay diferencia en eso con el pasado. El modelo económico sigue siendo el mismo pero ya no lo es de la misma manera. Los cambios llegan aunque no los deseemos y, desgraciadamente en Europa, atacan al sistema de protección social, a la democracia y al proyecto de una Europa política que diluya no sólo las viejas naciones decimonónicas con su potencialidad mortífera, sino también los nacionalismos regionales que son la respuesta del avestruz al mundo global donde a la cooperación y la solidaridad sólo se le puede oponer la guerra y la extinción. Reducir esa globalidad al debate sobre la utilidad y la función de la biblioteca puede parecer exagerado. Sin embargo, creemos que las grandes variables macro se expresan en cada uno de los aspectos sociales. La biblioteca, será un reflejo de la sociedad, del papel del Estado, de la educación y de las demandas y esperanzas de la ciudadanía.

Pros y contras. Corrientes.

Dos corrientes principales parecen afrontarse mostrando, otra vez, las diferencias en la visión de las mediatecas, de la sociedad. Habría una corriente que propugnaría cambios profundos tanto en los soportes culturales, como en la pedagogía y las funciones de mediatecas y bibliotecas. En Francia, a diferencia de España, existe aún una cultura de élite, admirada y odiada al tiempo. La crisis social del sistema económico capitalista, la presión sobre los trabajadores y la falta de recompensas al esfuerzo, la educación y el merito, reduce el valor de la educación y la cultura. Limitado el potencial de éstas para que el merito marque la escala social y decida quien ocupa los puestos más importantes de la sociedad, la cultura se convierte en un valor snob que la gente con dinero y posibilidades exhibe. No es necesariamente así, pero en un contexto de crisis, quien está excluido busca más si cabe, agarres y chivos expiatorios. En España esto es difícil de entender cuando ministros, catedráticos, profesores de universidad y jueces rebajan su nivel lingüístico para asemejarse al del común. Donde es más valorado saber de fútbol o prensa rosa que de literatura o cine. En el fondo se trata del mismo proceso, pero ya totalmente establecido, cuando hablar a alguien que no conocemos de Usted, es peor recibido que utilizar un exabrupto.

Retomando a las mediatecas, la primera opción defiende usar las bibliotecas sin aferrarse a un elitismo impostado, flexibilizando fondos y utilización. Atraer al público que ha abandonado estos espacios de contacto y de cultura. Y hacerlo utilizando medios nuevos como pueden ser los juegos de ordenador, corrientes musicales de todo tipo, el comic y cualquier manifestación cultura sin importar si se trata de la “alta” cultura o de la “cultura” popular. Que Bob Dylan haya sido el galardonado con el premio Nobel es una gran noticia para la música popular. La lástima ha sido el comportamiento tan díscolo del premiado, que sin menoscabar su merito afeó el acto. Considerar el country, la canción protesta o el rap como cultura es una evidencia, como lo es la rumba o la pintura corporal. Poco importa de donde venga o quien lo sienta propio. La cultura no sabe de raíces, sabe de ramificaciones ya que todas las manifestaciones tienen en común un origen humano. Hoy la música popular anglosajona es un referente cultural universal muy superior a restos folklóricos locales que sólo perviven por el esfuerzo identitario. Y sin embargo la música Americana de los Estados Unidos y Gran Bretaña son compendios de influencias de todos los continentes, alimentados con expresiones venidas y vueltas de todos los continentes de nuevo. Que sería el Blues sin la guitarra europea, y que sería el rock sin la influencia africana y caribeña. Rebusquen entre sus “raíces” y verán lo que encuentran. Las patatas y los tomates, las especias, todo ello inmemorial en Europa, tanto que antes del Renacimiento y el descubrimiento de América no existían. Y lo que vale para unos vale para todos…

Hoy muchas mediatecas de Francia organizan exposiciones de arte, de fotografía, conciertos y proveen espacios públicos para que los vecinos puedan utilizarlos de manera organizada, en talleres de cerámica o cursos de yoga. Los libros cada vez ocupan menos sitio, porque el soporte es menos usado, con sus pros y sus contras. Otros instrumentos culturales, otras manifestaciones deberán suplirlos y complementarlos. Y la idea principal es atraer al usuario.

La segunda corriente se inquieta, y no sin razón, de los cambios. Esta opinión critica la perdida de importancia de los libros, el peligro de expulsar al publico fiel a las bibliotecas buscando otro que hasta ahora ha carecido de interés. No olvidemos que en Francia sólo el 15% de la población tiene carnet de biblioteca (en Finlandia es ¡el 75%!) Convertir las mediatecas en una sala de juegos, o en un punto de conexión WIFI no es una alternativa. Es cierto. Tan cierto como que WI-FI, internet y las redes sociales han llegado para quedarse. Por ello la biblioteca, el Estado debe regular y marcar los limites de su uso en los espacios públicos, debe aprovechar los nuevos instrumentos para lo mejor. La televisión y la radio llegaron antes, y el cine, y fueron vistas con temor. Hoy se conmemora el cine y la radio y de la tele se hace elogio contra Internet. Las generaciones se afrontan. Los mayores defienden lo conocido y critican los cambios juveniles. Los jóvenes contestas el statu quo y reniegan de lo establecido. Es lo normal y está bien, sólo hay que aprovechar la parte buena de cada actitud.

Mediateca de la aglomeración de Troyes.

Mediateca de la aglomeración de Troyes.

Un error sería convertir a las mediatecas y, por extensión al Estado, en un mercado. Más en el ámbito cultural, donde el monopolio es problemático. Una de las desventajas de las redes sociales y las nuevas tecnologías es que permiten al individuo ceñirse a un universo conocido. Los motores de búsqueda y los algoritmos analizan nuestras elecciones y tienen a ofrecernos contenidos similares a los que ya conocemos. Se corre el riesgo de reducir nuestros horizontes y no ver el bosque por mirar siempre al mismo árbol. En tiempos de crisis los estereotipos son más peligrosos si cabe, la cultura necesita observar la variedad y confrontarnos a ella. Variedad de opiniones, variedad de opciones, pero siempre sin perder de vista que ciertas opiniones no son aceptables porque niegan la existencia de la otras y las atacan con violencia. Por todo ello, la cultura, la política, la sociedad debe ser exigente y demandar del ciudadano el esfuerzo de aprender, de comprender y valorar. Atraer a las personas a la cultura es indispensable, pero ofreciéndole contenidos variados y con calidad, no opiáceos fáciles, que para eso ya está el mercado y la empresa privada.

Otro error, el de muchas políticas publicas en Europa ha sido dar los medios pero no preocuparse en orientar sobre su uso. Cientos de polideportivos o mediatecas no son útiles sin el personal formado para que su uso sea el más adecuado. Internet es maravilloso, usándolo con tiento en espacios como las mediatecas. Las bibliotecas no son salas de juegos, o quizá sí, pero sólo en unas zonas, en un horario… El debate está abierto y debe ser dirigido por profesionales competentes, por los diversos órganos del Estado… en contacto con los usuarios de las mediatecas, los que siempre han ido y los que nunca han estado allí Dirigidos y regulados con un espíritu consensual, abierto, flexible y estable para que los cambios de gobierno no afecten a las líneas maestras. Como debería ser en la mayoría de las políticas publicas. Somos conscientes que demandar ese espíritu consensual es España es una utopía, al menos hoy, por unos y por el resto. Pero debería ser así, asumiendo las variaciones a izquierda y derecha, pero sin aceptar visiones demagógicas y populistas, ni mitificaciones regionales o religiosas basadas en la superioridad y los privilegios diferenciales de unos o de otros.

Cultura como reflejo social.

Las bibliotecas y las mediatecas deberían ser vistas como centros maculados de la experiencia humana. Finalmente como todas las instituciones públicas y las representaciones humanas, la cultura es un compendio mestizado de errores y glorias, de atisbos de genialidad y cúmulos de errores y atropellos. Con todo, y gracias a filtros porosos y permeables, y a que vivimos en democracia, la experimentación humana ha reunido expresiones de su honradez y su crueldad. Observarlas, analizarlas, contextualizarlas y juzgarlas con sentido común, disfrutando, aprendiendo, sorprendiéndonos o quedándonos indiferentes es uno de los procesos de la educación. Si las mediatecas realizan esa función mostrándonos experiencias previas, permitiéndonos realizar las nuestras o simplemente haciéndonos reír o llorar y, sobre todo, dudar de la propia sociedad que nos enseña, entonces, quizá, haya aún algo de esperanza en el mundo.

Estos dos artículos nos sirvieron de inspiración para el texto.
Y de dos líneas pasamos a cuatro páginas.

A Paris, la médiathèque Françoise-Sagan cultive l’accueil pour tous, Yohav Oremiztzki, Télérama 18/1/2016.
Viens chez moi, je suis à la bibliothèque, por Lorraine Rossignol
Télérama 18/1/2016