Las banderas nos confunden peligrosamente.

Si la discusión sigue en términos de naciones, los nacionalistas, todos, siempre tendrán las de ganar, como en 1914, en 1933, en 1936 etc… Toda esta pantomina que se sufre en España, con aparente alegría de unos y otros, sólo sirve para ocultar los verdaderos problemas del país y de Europa. Problemas de educación; de impuestos, -no entre las regiones, no, entre las clases sociales-; de inversión; de ecología; de derechos de las personas. Los pueblos son invenciones, sólo hay uno, la Humanidad. Las naciones son un cuento de mal gusto y peligroso. Por eso Europa es todavía una solución, lo ha sido durante mucho tiempo y ello ha evitado conflictos. Los nacionalistas, todos, juegan con fuego, y el fuego al final nos quema a todos.

Si seguimos hablando de “ser o no ser”, sólo las naciones o la religión pueden llenar el hueco que un sistema económico injusto crea en las personas. Los referendums nunca me han parecido muy democráticos ya que reducen cuestiones muy complejas a respuestas muy simples: sí o no. No en vano los dictadores y los malos gobiernos suelen usarlos para ocultar sus miserias. Lo que ocurre no es anormal, es muy triste, eso sí, lo extraño es que la violencia generada no haya estallado antes. Es lógico que un Estado no permita usar sus instituciones para atacarlo, y el Estado español es, a ver si nos enteramos de una vez, todas las instituciones públicas, Gobierno Central, Autonómico y Municipal. Por lo tanto tomar medidas contra un intento de secesión o un golpe de Estado es comprensible. De igual manera que el gobierno regional catalán tendría que impedir una “secesión” unilateral de una de sus provincias o municipios, el gobierno central está obligado a hacerlo con una de sus Comunidades Autónomas. Se puede discutir, y hay que hacerlo depurando responsabilidades, sobre si las medidas son correctas, desproporcionadas o contraproducentes, por supuesto. La policía debería haber actuado sin cargas, sufriendo ella la violencia, porque es su trabajo y porque sus acciones reducidas a imágenes, desvían la atención fuera del foco. Es mucho pedir para un gobierno que no sabe como actuar, pero ¿alguien esperaba que la situación generada durante meses acabase con palmaditas en la espalda? El odio genera odio, y el ambiente de los últimos meses en toda España no ha sido precisamente cordial. Si en las próximas eleciones generales hay partidos de ultraderecha nacionalista española no será, en este caso la culpa del gobierno actual. Los partidos nacionalistas han buscado esa foto desde el principio, y hoy 1 de Octubre ya la tienen. Todos contentos.

El problema de los “nacionalismos” es que no tienen fin y que las fronteras no arreglan nada, sólo acrecentan los problemas. Si yo y mis amigos decidiésemos independizarnos en un pueblo perdido, la gente nos trataría de locos y nadie nos permitiría seguir adelante. ¿Es más justo o legitimo cuando hay más personas que lo piden? Creo que la pregunta es tan pertinente como de difícil respuesta. ¿Es necesario un número mínimo, una lengua, una justificación particular o, todo el mundo tiene derecho? Podríamos perder el tiempo y la vida discutiéndolo. Y llevando al extremo las justificaciones, supuestamente democráticas, todo individuo tiene derecho a constituir su propia nación. Es más o menos lo que desean los multimillonarios, poseer su propio país y que sus impuestos sólo les beneficien a ellos mismo. Es decir, el nacionalismo es una especie de superultraliberalismo. ¿Rídiculo?, quizá, piensen un poco sobre ello.

Yo prefería no perder el tiempo con ello. ¿No sería mejor dejar de lado esas tonterías y esa falsa superioridad y buscar disolvernos en entidades mayores, con mayor capacidad para enfrentarse a los grandes poderes económicos mundiales y a los grandes problemas globales que no entienden de fronteras, lenguas o pasados…? Me parece que algo podríamos avanzar y mejorar. Pero viendo a miles de mis conciudadanos de Cataluña y del resto de España, envueltos en banderas y usando la palabra democracia con tanta frivolidad, la esperanza se me escapa entre las manos.

Que amigos cercanos sientan con tanto énfasis ideas que sólo sirven para crear fronteras, levantar odios y, hacernos a todos las vida más difícil, me llena de estupor. ¿Prefieren mi amistad o ser? ser algo intangible e indeterminado. ¿Me hacen de menos porque no soy como ellos? Xenofobia, racismo, no lo sé no puedo entenderlo porque no soy nacionalista. Yo escojo a mis amigos y a las gentes de donde sean, antes que a los países. Pensando en ello, me llena de tristeza valer menos que una bandera. Estupor y desasosiego es lo que siento, más aún cuando los argumentos son tan falaces. Si un problema tiene España, ese es que los impuestos y las normas no son las mismas en todas las regiones, el mismo que tiene la Unión Europea Y en ese reparto, Cataluña no es precisamente la región peor parada. El autogobierno es de los más grandes y gracias al esfuerzo de todos, trabajadores, empresarios y consumidores, la región la más rica y una de las más desarrolladas.

La cuestión radica en que todo esto no es más que una mascarada. El debate político se ha desviado durante años y, a raíz de lo que está pasando, se desviará muchos años más, de las cuestiones realmente importantes, a las de la pasión y los sentimientos. Todo es una cortina de humo con las que los nacionalistas catalanes ocultan décadas de mala gestión económica mientras han gozado del monopolio de poder. No en vano en el País Vasco el PNV ha moderado su discurso para no correr la misma suerte de CIU. El partido hegemónico en Cataluña ha sido canibalizado en su huida hacia delante con la excusa del Referéndum, tal y como le pasó A David Cameron con el Brexit.  Los partidos de ámbito nacional, empezando por el PP y terminando por PODEMOS utilizan el asunto del Referendum buscando únicamente resolver sus problemas internos y aumentar su poder. La responsabilidad del Gobierno del PP es muy grave por ser el partido de gobierno. La del PSOE y PODEMOS también por jugar con fuego cediendo a sus diferentes facciones en lugar de defender su supuesta ideología de izquierdas y, por lo tanto, antinacionalista. La responsabilidad de los medios de comunicación es igualmente gravísima. El referéndum, fomentado en Cataluña por medios de comunicación afines al gobierno regional, y por toda la prensa del resto del país,  que no tenía partido de fútbol que comentar, ha supuesto otro grave problema. El bombardeo sufrido, sin información crítica, sin análisis en profundidad ni opiniones realmente críticas con la esencia de la cuestión, se ha reducido a un reality show. Pero, todo esto ha magnificado el problema dándole una supuesta legitimidad. En Francia, se puede observar el mismo caso con la publicidad otorgada por los medios de comunicación al Frente Nacional.

¿Por qué no cambiar de aires?, salgamos del escenario español. Europa está enferma porque los gobiernos han apostado por una globalización injusta para una buena parte de la población. Llegada la crisis de 2008, la pobreza resurge en el continente y con ella los fantasmas del pasado. Usando cualquier rasgo del que pueda hacerse una diferencia, han surgido partidos y movimientos políticos que hacen del nacionalismo su única política. En Hungría, en Francia, Alemania, en Suecia, en Finlandia, en el Reino Unido, en Holanda, en Bélgica, de diferente manera, esos partidos populistas y nacionalistas buscan un chivo expiatorio que pague por todas las culpas. Las culpas de ciudadanos que primero sucumbieron al canto de sirena del consumismo y, que con la crisis, sucumben ante respuestas sencillas, simples y muy cómodos, la bandera, la lengua, la nación versus los inmigrantes, el otro, o la UE. Qué decir de lo que ocurre en EE.UU, en la India, en Filipinas, en Turquía… La enfermedad es global.

Muchos ya habrán dejado de leer hace mucho, como decía los problemas son globales, y muy complejos. Reducirlos a un sí o un no es tan sencillo. Llegar a conclusiones más útiles exige pensar un poco, y salirse del grupo cómodo donde todos pertenecemos al mismo rebaño. Sin embargo, ninguna independencia resolverá los problemas familiares derivados del trabajo; las enfermedades creadas por la contaminación o las crisis climáticas, a pesar de que sea tan agradable pesar que sí.

El nacionalismo es un cáncer. Sólo genera muerte y destrucción, odio y separación. El nacionalismo sólo fomenta la diferencia y, con ella, el mal que se pueda hacer, legítimamente, o no tanto, al otro. ¿Como es posible que aceptemos lo que ocurre con los miles de refugiados económicos y políticos que llegan de otros continentes? Si fueran europeos, españoles, no lo toleraríamos. Acabar con las naciones permite reorientar el debate político, aventando el humo que no nos deja ver y nos irrita los ojos haciéndonos dar palos de ciego. Por eso, por favor, no me confundan la democracia con otras cosas, protestemos y votemos por cuestiones que sirvan para mejorar la vida de todos. Hemos tenido múltiples ocasiones para exigir a los políticos responsabilidades y para escoger mejores candidatos. Si no hemos sido capaces durante decenios ¿qué puede resolver un referendum populista y pasional? La violencia generada por este sinsentido no va ayudar en nada, y no hay nada que hacer mientras no nos quitemos las banderas que nos sirven de vestido.

Llega el invierno, y ante el frío es muy cómodo añadir otra capa de tejido nacional. Aunque no sé si saben que la tela de las banderas es, extremadamente fina, ni protege, ni da calor.

Aún hay tiempo para revertir está situación de enfrentamiento entre las personas, pero exige el esfuerzo sincero de todos. Empecemos por dejar de hablar de ser. Hablemos de hacer. Hagamos demandas y exigencias de políticas públicas, de corrupción e inversión, de educación y sanidad, de trabajar y pagar impuestos, de ayudar al que lo necesita y conseguir un Estado social en España y, sobre todo, en Europa. Eso sí, que merece mucho esfuerzo y mucha dedicación.