Cada granito, un instante eterno que nunca vuelve. Un recurso que se agota.

Cada granito, un instante eterno que nunca vuelve. Un recurso que se agota.

“Somos muchos miles,  un río extraordinario,
Nuestra fuerza es sublime, ella podrá con todo
y, si lo intentan otra vez, tendrán que vérselas con miles de corazones en píe.”

“Nous sommes des milliers, un fleuve extraordinaire
Notre force est sublime, elle emportera tout
Et s’ils essaient encore ils se frotteront à mille coeurs debout.”

Cali, 1000 coeurs debout.

Uno de los conceptos más importantes, de los menos apreciados y de los menos enseñados es el de recurso. Recurso, entendido como potencialidad económica, política o social, pero también como oportunidad, como opción, como decisión. El recurso puede ser una piedra, un trozo de leña, un mazorca de maíz, una cereza resplandecientemente roja, un amigo, un minuto. Un recurso es economía y urbanismo, un recurso es política y placer, un recurso es un pedazo de nuestra vida. Pero el recurso se gasta. La madera se puede quemar, puede construir un hospital, o una lanza y arrebatar la vida. El maíz alimenta el crecimiento demográfico o el motor de un coche. La cereza estalla en la boca risueña del verano, se ahoga en alcohol, se deshace en un bote de mermelada o se pudre, amarga, en el árbol. Hay posibilidades pero no omnipresencia. El recurso es una oportunidad y un límite.

La utilización de los recursos debería enseñarse con la pasión del condenado a muerte, debería inculcarse con sangre y con fuego en la mente de los pequeños, en las escuelas, en las universidades, a cada momento, a cada consumidor, a cada elector. Tal vez no hay resumen más sintético de la esencia de la vida. Por eso, casi todos los medios estarían justificados.

De nuestra desidia y nuestra ignorancia para apreciar y valorar, para cuidar y aprovechar los recursos, vienen las catástrofes que se acumulan y que nos aplastan. Ni sabemos, ni queremos saber como adecuar nuestras necesidades a nuestros deseos. Por ello malgastamos y desperdiciamos los recursos. Perdemos nuestro tiempo en acciones inútiles, en repeticiones malévolas. Acumulamos piezas de metal, fetiches, que después intercambiamos por recursos que no nos sirven, que nos llevan al desasosiego. Trabajamos sin objetivo, vivimos los deseos que la mayoría de las veces no son los nuestros. Y nos solemos dar cuenta demasiado tarde.

Decidimos, o nos abstenemos de hacerlo, constantemente, día a día, en lo grande y en lo pequeño. Foto de professeunormal

Decidimos, o nos abstenemos de hacerlo, constantemente, día a día, en lo grande y en lo pequeño.
Foto de professeunormal

El principal desperdicio puede que sea el que se refiere al tiempo. Es posible que no nos enfrentemos con suficiente crudeza a la clepsidra por la que desfila, despacito, cada granito de nuestra vida. La vemos y nos hipnotiza su ritmo constante, la belleza del paso del tiempo por su cuello intangible. La inmortalidad que inventamos, reposa sobre el pie de ese reloj de arena, que creemos poder girar cuando el último grano de arena selle nuestro destino. Creemos ignorar que la clepsidra está cementada al suelo y que nadie ha sido capaz de darle la vuelta.

Si es mejor la ignorancia o el conocimiento, eso lo dejaré a la elección del lector. Lo que es seguro es la limitación de nuestro recurso más precioso. A partir de esta ley, podríamos construir un corpus que todo lo englobase. Para muchos, sería triste pensar que todo tiene limitación. Se podría deducir que estamos determinados, que no hay solución a nuestras miserias y nuestras fatalidades. Si fuera así, la opresión, la injusticia, la calumnia, la mentira y su cohorte de malignidades reinarían en imperio colosal y eterno. Pero no lo es. Reflexionen, observen, vean como la jauría justifica sus acciones, como utiliza la desinformación, la cooptación, la traición para conseguir su fines privados, sus objetivos crueles. Por tanto, todo no “tiene que” ser como es. Nada “debe ser” como es. Es decir, hay espacio para numerosos presentes y para infinidad de futuros. Si vivimos en este triste presente, lleno de mentirosos, de cobardes, pleno de odio absurdo y mal dirigido, lleno de humo y fogatas que nos acercan a los escollos, esto es así, en buena parte, por nuestra acción u omisión. Todo podría ser de otra forma. ¿Cuál? Una vez más, no es mi función la de líder. No quiero dirigir, quiero protestar, quiero avisar, quiero mostrar que hay opciones.

Decidir es arriesgar, no hacerlo deja la decisión, franca, a otros. Foto de Mujepa.

Decidir es arriesgar, no hacerlo deja la decisión, franca, a otros.
Foto de Mujepa.

Son Ustedes los que deben batirse el cobre, los que han de cavilar hasta perder las neuronas en combates terribles buscando otro presente, otro futuro. ¿O qué se pensaban, que las ventajas del Estado de bienestar, de la democracia o de la justicia existieron siempre? Muchos, más pobres, más oprimidos, más esclavos pero más valientes y más determinados que nosotros, nos hicieron ese regalo, dejando a cambio muchas veces su vida.

Una cosa, sí querría decir: los recursos siguen siendo limitados, siempre son limitados. Nuestro tiempo lo es, nuestras fuerzas lo son. La madera se agota, el agua escasea, no hay petróleo, hasta la arena es rara. Los alimentos son recursos, son limitados. Los cartuchos también lo son. Cartuchos metafóricos, -entiéndaseme bien-, cartuchos ideológicos. Oportunidades. Si gastamos esfuerzos, debates, neuronas, si gastamos los momentos en el odio al vecino, en el racismo, en la religión, en los partidos de fútbol, la envidia y los chismorreos, malgastamos las oportunidades de cambio. La losa de la reacción es pesada y tardará mucho en resquebrajarse. Tengamos cuidado en que no nos caiga encima, pero por favor piensen bien en las alternativas. No escojan las peores, ya saben, los recursos…

Junio 2013

PD: Foto panoramica de Ariello.