El poder de los think tanks.

Los think tanks, o expertos creadores de opinión, se han convertido en el soporte ideológico de partidos políticos y Estados. Su visión del mundo intenta ser hegemónica y bajo la apariencia de neutralidad, desmonta el poder crítico de los intelectuales. La democracia se desvirtúa sin que nos demos cuenta.

“La mayor parte de los hombres son filósofos en cuanto operan en la práctica, y en su trabajo práctico está implícitamente contenida una concepción del mundo, una filosofía” Antonio Gramsci.

La democracia es como Europa, de tanto menospreciarla la estamos matando. Hemos olvidado el valor y la importancia de la política, de los partidos, los sindicatos, las leyes que regulan y controlan al poder económico, como se han olvidado las ventajas de la cooperación, de la eliminación de fronteras, de diferencias y rencillas secularmente adobadas y recreadas. Europa, como la democracia, nos ha sacado del aislamiento medieval y de la guerra civil indefinida que asolaba el continente.

Hemos renegado de lo más precioso y lo hemos abandonado a su suerte bajo los cascos de los caballos. Pero quienes saben de su importancia, quienes gobiernan nuestros gobiernos y vidas, no se han despegado de instrumentos capitales a la hora de organizar, dominar, una sociedad. Un ejemplo de ello es la aparición de Fundaciones e instituciones privadas, cuyo objetivo es, supuestamente, el análisis de la sociedad y la proposición de estrategias y soluciones. Son los grupos de expertos, los laboratorios de ideas, los think tanks, si usamos la expresión en inglés.

Puede ser interesante reflexionar un poco más sobre el asunto. Hay tres elementos clave. El primero, la composición de estos expertos; el segundo, sus motivaciones; y el tercero, la causa de su éxito actual. Quiénes, por qué y por qué ahora, tres preguntas cuyas respuestas se engarzan y relacionan.

¿Quiénes son?

Como hemos dicho, se trata de grupos de expertos, economistas, politólogos, miembros de los consejos de dirección de grandes empresas, financieros, banqueros, políticos, y en Europa, altos funcionarios de carrera. Estos expertos, “trabajan” para fundaciones financiadas, mayoritariamente, de forma privada. Otra vez, en Europa la situación es distinta, ya que en Alemania la financiación es pública y en Francia existen los dos tipos.

Uno de los aspectos que más sorprende es que los miembros de estos laboratorios de ideas comparten, o han compartido, el ámbito de la política y el ámbito de la gran empresa privada. A veces al mismo tiempo, algo casi inevitable en los EE.UU. En Europa, aunque también ocurre, no se ve con buenos ojos, pero la tendencia es creciente.

Ideológicamente, representan bien a los países en los que operan. En EE.UU todos comparten el liberalismo económico, con leves matices, como los que separan a Demócratas de Republicanos. En Europa, la ideología es mucho más diversa desde la derecha liberal hasta la socialdemocracia y los partidos ecologistas, existiendo incluso, thinks tanks vinculados a los partidos comunistas, aunque los más importantes e influyentes siguen siendo aquellos financiados por las grandes empresas y lobbies europeos.

¿Por qué?

Los intelectuales han existido siempre en todas las sociedades y sus reflexiones han ayudado a mejorarlas, ya que su visión normalmente crítica, denunciaba los problemas. Así pues ¿por qué ahora los intelectuales han sido substituidos por los think tanks? Los grupos de expertos tienen como objetivo influenciar las políticas públicas, el mismo de los antiguos y desprestigiados intelectuales. Nótese el cambio de denominación, del concepto cultural de intelectual se ha pasado al concepto técnico de expertos. Se propugna la ciencia pura, neutra e intemporal, renegándose de la filosofía, de la visión subjetiva del ser humano dentro de una sociedad concreta. Hay que entender este subjetivismo en el sentido de diferencia de intereses. Una sociedad es múltiple, los interés de clase, los intereses económicos la permean y crean bandos objetivos. Las grandes empresas no poseen los mismos intereses que las pequeñas, los trabajadores que los directivos.

Sin embargo, los expertos parecen ofrecer análisis objetivos y respuestas adecuadas a las problemáticas del presente. Frente a la verdad clasista se opone una verdad científica, una solución intermedia. El objetivo es provechoso, de hecho en algunos países de Europa con fuerte tradición estatalista, esas élites estatales buscan un equilibrio entre las diversas clases e intereses de la res publica. Con todo, la mayoría de las instituciones de expertos parten de preceptos diferentes, más al gusto de los países anglosajones. Es decir, atienden y desarrollan los intereses de los lobbies, los grupos de presión.

¿Analizar la sociedad o crear opiniones y tendencias?

¿Analizar la sociedad o crear opiniones y tendencias?

Los resultados de sus investigaciones y las propuestas de políticas públicas siguen los intereses de esos grupos de presión. Como los grupos de interés poseen intereses semejantes, la mayoría de las fundaciones y de los expertos propugnan políticas públicas del mismo tipo. En los EE.UU. ningún experto escarba en los fundamentos de la crisis inmobiliaria, del sistema bancario, ni critica los modelos de transporte, de consumo, alimentación o energía. Si hablamos de Francia, rara avis con fundaciones relativamente progresistas, las diferencias entre las “nuevas” corrientes del liberalismo social y del progresismo social son nimias. Además, en Francia ningún grupo de expertos discute el modelo nuclear francés, por ejemplo. La substitución de intelectuales por expertos no ha supuesto ganancia social y, en cambio, ha hecho perder el espíritu crítico y ha vinculado la élite intelectual a los lobbies.

Ante la incapacidad ideológica de los ciudadanos y partidos, los thinks tanks se posicionan, pero lo hacen sin morder la mano que les da de comer. En EE.UU. la financiación de los partidos políticos es casi totalmente privada y una reciente decisión judicial (Citizens United v. Federal Election Commission) permite desde 2010 que las empresas privadas financien sin control a los candidatos. Así pues, como los partidos políticos, la mayoría de la Fundaciones y grupos de expertos dependen de grandes empresas privadas y grupos de presión, o están compuestas por miembros de esas empresas. El conflicto de intereses es flagrante.

Sería una contradicción criticar la defensa de unos intereses particulares cuando nosotros hacemos lo propio. No es ese el problema. Lo problemático es presentar a los expertos como entes independientes y neutras, cuando en realidad son una prolongación de los grupos económicos que los subvencionan. La financiación pública de partidos e instituciones es muy mejorable pero, al menos, garantiza la potestad judicial, en cambio, la privada está fuera del control de la sociedad. Gramsci tenía razón cuando afirmaba que en una democracia la lucha de clases se traba en la superestructura, en la ideología, en el ámbito de las opiniones y las creencias. La hegemonía de esos ámbitos desemboca en la toma de decisiones políticas, en las políticas públicas, que a su vez tienen importancia capital en la estructura económica. Bajo una apariencia de cientificidad, los grupos de poder despliegan su visión del mundo acorde con sus intereses económicos. El destinar tantos millones a convencer a la ciudadanía, -a través de los políticos-, de que las políticas de rigor, la reducción de libertades y derechos sociales o el crecimiento económico continuo en sí, son las políticas necesarias, demuestra la importancia de la política, el poder que aún reside en ella.

¿Por qué ahora?

¿Por qué tantos expertos y por qué ahora? Varios elementos pueden hacernos comprenderlo mejor. En primer lugar, se observa la ventaja de vivir en democracia. Es decir, ya sea por interés o por convencimiento, la inmensa mayoría de los europeos y norteamericanos quieren vivir en una democracia. La democracia es buena para la economía, para el desarrollo económico y el crecimiento. La democracia crea sociedades capacitadas y consumidoras. El consumo es la clave para que el tinglado no se venga abajo, y esto a pesar de la financeirización de la economía. Una democracia se basa en la diversidad de ideas y en el voto, elecciones libres. Dado el potencial revolucionario de la democracia, esta debe ser moderada, moldeando la ideología de los ciudadanos. Esto permite conjugar elecciones libres, capitalismo e intereses de los grupos de presión, esencialmente incompatibles.

Queremos soluciones, pero no queremos pensar en ellas. Es mejor que nos las sirvan a la carta. Aunque no funcionen.

Para mantener esos elementos sin caer en las burdas tiranías, pero sin correr el riesgo del socialismo, la superestructura ideológica no puede alejarse demasiado del modelo económico. Los norteamericanos necesitan ser liberales, de lo contrario la estructura económica podría derivar hacia modelos como los europeos, con mayor fiscalidad y presencia estatal en sectores como la salud pública, educación, las infraestructuras o la industria. Quienes financian a los grupos de expertos no lo desean, por lo tanto, las políticas públicas propuestas por ellos abogan por el liberalismo. En Francia, o Alemania, en cambio, abogan por modelos mixtos. Sea como fuere, la ideología mayoritaria, la hegemonía ideológica, -política a través de las elecciones-, no difiere en demasía de la estructura económica preponderante. Permítaseme la generalización exagerada: Liberalismo extremo y Estado de Bienestar Privado (ver referencia 1, abajo) en Estados Unidos; economía mixta y Estado de bienestar (más o menos) público en Europa.

Un segundo punto es la fatiga de lo político. En está fatiga encontramos causas diversas. Por un lado, la falta de discursos políticos motivadores y renovadores. Los partidos políticos han dejado de ser motores ideológicos y se contentan con vivir de las rentas o con caer en el menosprecio del contrario. Las elecciones no se ganan, se pierden. O si se ganan, es en base a una frase, a una imagen, a un discurso hábilmente preparado por los think tanks. Por si acaso no hay promesas y si las hay, no se cumplen o son absurdamente incumplibles. Los ciudadanos acompañan esa estulticia política renegando de uno de sus principales instrumentos de cambio: la política no sirve, todos son iguales, etc… En cambio, la masa sigue a pies juntillas, las tendencias creadas por los expertos.

Los políticos se han convertido, voluntariamente o no, en meros transmisores de discursos que ni escriben, ni piensan, ni creen. En un reciente artículo que trata la temática (2) se habla de “la deslocalización del cerebro”. Cristalino. Al tiempo, esa deslocalización se hace mal. Los expertos se comportan como empresas competidoras, deseosas de vender sus ideas, sean estas buenas o no. La crítica no existe, ni contra quienes las financian, ni a favor de soluciones más complejas pero adecuadas. Prefieren técnicas de marketing, la ciencia pura. Ciencia Ficción, perdón, ficción científica. Al final, las opiniones de los expertos se parecen como gotas de agua. Un matiz, una frase, una imagen o símbolo. El objetivo es convencer, controlar, dominar, mantener en una plácida calma a sociedades cada vez más tensas. Por eso, la receta se adereza con cantidades ingentes de deporte, cotilleos y sucesos. El historiador Emmanuel Todd, afirmaba en el mismo artículo (2) que “Los hiper ricos tienen tanto dinero que no saben qué hacer con él. Sólo les queda un terreno que conquistar: el mundo de las ideas” Más bien, creo que saben muy bien que necesitan dominar el mundo de las ideas para seguir siendo tan ricos. Puro Gramsci.

La influencia de los think tanks no es similar en todos los países, ni igual entre todas las personas, pero existe y es cada vez más preponderante en la política. Cada vez más, los políticos se rinden ante las opiniones creadas por expertos y las aplican en las leyes. Opiniones de expertos no elegidos, desconocidos, pagados por dinero descontrolado.  Nosotros, con nuestro voto, las aprobamos. Los políticos son cada vez más ignorantes e incapaces, son nuestro reflejo. Sólo quienes más poder detentan, valoran y respetan la ideología, la política y la fuerza social del Estado. Ahí, en ese último punto, siento que Gramsci protesta (3). No importa, en lo demás concordamos. La guerra de la ideología es una guerra infinita cuyas batallas se celebran todos los días, en todos los momentos, en todos los lugares. No lo olviden al encender la televisión, al entrar en el supermercado y en el cine, al escuchar el telediario, oir los sucesos, los cotilleos del vecino. Son batallas importantes y son batallas que, en democracia, se ganan pensando.

Octubre 2012.

Citas. 1 – Calvo Santos, María; “Considerações acerca da hegemonia financeira e a autonomia do Estado. Refletindo sobre uma realidade de bem estar social ou de bem estar privado ”, 11 de abril de 2001, Florianópolis. 2 – Zarachowicz, Weronika; L’influence des Think Tanks, en: Télérama, 14 décembre 2011, nº 3231, Paris. 3 – Gramsci abogaba por el fin del Estado una vez llegada la nueva sociedad comunista.