Portada de la edición de RBA.

-¿Me traerás grosellas? – preguntó-. ¿Me traerás grosellas?
-Te las traeré en otoño – dijo Mikkelína-. En otoño. Entonces te traeré grosellas.

Indridason es una de las plumas más laureadas y conocidas de la novela negra escandinava. Tras el maremoto provocado por Stieg Larsson en España y Latinoamérica, se ha empezado a conocer esta rama norteña de un género tan denostado y, potencialmente, tan interesante como la Ciencia Ficción. Antes de Larsson apenas se conocía al también sueco Henning Mankell, otro buen escritor sepultado bajo el exitoso epígrafe best seller. Después llegó la explosión con Camilla Lackberg, Mari Jungstedt, Asa Larsson, Jo Nesbo, Karin Fossum, Liza Marklund, Anne Holt (exministra de justicia danesa), Arni Thorarinsson, Peter Hoeg (Smila), Matti Yrjänä Joensu, Gunnar Staalesen o los fundadores del genero en Escandinavia Maj Sjöwall y Per Wahlöö.

La ventaja del policíaco escandinavo es que las referencias culturales, los ambientes, son distintos a los más trillados de las novelas anglosajonas. Eso hace al suceso más interesante y, a la par, menos importante. Historias que entrelazan el caso policiaco, -el reflejo de la maldad universal-, con la historia de países hoy muy desarrollados pero con un pasado duro. Se ha hablado mucho de los motivos de esta abundancia repentina de novelas del género negro, en los países con los estándares de desarrollo y riqueza más altos del mundo. Para unos, es la muestra de problemas estructurales, el síntoma de que la tercera vía, el modelo de Olof Palme ha fracasado. Para otros, simplemente es una moda, además de una muestra de que la falta de crímenes obliga a inventarlos. La negrura que rezuma la novelas del norte pueden ser un reflejo de lo que oculta el bienestar, o quizá, -me gusta más decantarme por esta opción-, el necesario contrapunto que toda sociedad debe asumir o inventar para cubrirse las espaldas, protegerse y defender los derechos adquiridos tras muchas luchas.

La novela negra escandinava contiene la discusión necesaria sobre el Estado de Bienestar y sobre sus problemas, pero sin renegar de sus ventajas y sus conquistas. He aquí la diferencia con los Best Sellers del genero en Gran Bretaña y EE.UU. Y todo de forma sutil e inteligente, cuando se conjuga género y calidad literaria, evidentemente. Por suerte la popularización del género nos ha permitido conocer a muchas y valiosas plumas. La novela negra sirve, como en la ciencia ficción, de recurso, de pantalla para apuntar, esbozar, rozar, aquello que no se quiere decir claramente. O al revés, para contar la historia de forma personal, como en otro libro que habrá que reseñar, American Tabloid de James Ellroy, esta vez plenamente norteamericano.

Arnaldur Indridason en un escenario islandés, frio y duro por fuera, cálido y humano por dentro.

Indridason, historiador novelista, rebusca bajo la helada tierra islandesa desenterrando los problemas del pasado, las miserias de los hombres que ni siquiera la educación y el desarrollo económico pueden anular totalmente. La novela cruza historias y cruza personajes, con la constante presencia de Erlendur Sveinsson, el detective que sirve de instrumento para contar la historia de Islandia. Leyéndola, podemos vernos reflejados en el dolor, en la pena y el cariño de nuestros primos. En “La mujer de verde”, el protagonista es la violencia contra la mujer, que allí también existe y reclama su venganza.

La Historia ha puesto estos últimos años a Islandia en el candelero, por las derivas financieras y la consecuente crisis económica. Pero en la novela la historia fundamental es la de II Guerra Mundial, la época de la pobreza, la presencia británica y norteamericana, el estraperlo, los conflictos familiares…

En las novelas de Indridason, como en otras, lo más interesante es lo que no se dice porque no se puede decir, lo que aparece entre líneas. Al final, queda un hombre vencido al que persigue la desventura, pero que se esfuerza en ser justo y, a pesar de todo, no pierde la esperanza. Un hombre que contempla el mundo, la ignominia del mundo y que, lentamente, sin la convicción de cambiarlo, se mueve, actúa, distinguiendo entre victimas y culpables. Emocionante y adictiva, una serie que atrapa y enseña.

La Mujer de Verde de Arnaldur Indridason (2001), RBA editores, 2012. 297 páginas.

PD: A destacar la excelente edición de RBA con útiles mapas, pero también una traducción mejorable. ¡Un policía no tutea a una venerable anciana de más de 80 años! Y el uso del pretérito perfecto o del pretérito indefinido se explica por lo matices que contiene cada uno.