Portada del la edición española del libro de NIkola tesla y del estudio de Miguel A. Delgado.

Portada del la edición española del libro de NIkola tesla y del estudio de Miguel A. Delgado.

“Lo que ahora más deseamos es un contacto más próximo y un entendimiento mejor entre los individuos y las comunidades de toda la tierra, y la eliminación de esa devoción fanática por los ideales exaltados del egoísmo y el orgullo nacionales que siempre son propensos a zambullir al mundo en el barbarismo primitivo y la lucha. (…) La paz solo puede venir como una consecuencia natural de la educación universal y de la mezcla de razas, y todavía estamos lejos de esta gozosa realización”. Nikola Tesla (2011: 226).

Nikola Tesla fue una de las mentes más agitadas de los últimos 200 años. Sólo por este hecho, el científico e inventor yugoslavo americano debería aparecer en nuestras Geopolíticas Agitadas. Un personaje vital para comprender el mundo actual, pero paradójicamente desconocido. Tesla está y no está. Su huella aparece en multitud de invenciones y aparatos que usamos todos los días. Pero no lo sabemos, no lo vemos, como no sabía que aparecía en muchos de los billetes yugoslavos que se incluyen en mi modesta colección. De hecho, Tesla es uno de los personajes más populares de Internet.

Una figura compleja y extremada, un hombre en que hallamos la invención, el desarrollo o la imaginación de muchos elementos clave del mundo actual. La radio, la corriente alterna y los motores eléctricos, los artefactos teledirigidos (misiles, cohetes, satélites…), la transmisión de imágenes por ondas, es decir, la televisión o las videoconferencias, Internet, la telefonía móvil, el GPS, todos estos aparatos, invenciones y conceptos son deudores de la mente de Tesla. Otros, como la transmisión de la electricidad sin cables, la búsqueda de energías renovables o el aprovechamiento de energías ilimitadas, han sido probados pero no desarrollados, muchas veces por ser contraproducentes son el desarrollo mercantilista al que tanto contribuyó, sin beneficiarse, el sabio balcánico. Sepultado por el recuerdo de quienes se apoyaron en él, o simplemente robaron, sus patentes e invenciones, Marconi, Thomas Edison, J.P Morgan son hoy recordados como prohombres, mientras la memoria de Nikola Tesla vaga entre las ondas electromagnéticas, en medio del rumor de las palomas que tanto quiso.

A esta ignorancia se une la paranoia del complot, que se apropia de todo lo que no está claro. La idiosincrasia particular del inventor y el desarrollo, -real o teórico-, de invenciones que durante la II GM se transformarían en torpedos, misiles y bombas, así como su origen europeo, ya lo hicieron digno de investigación por el FBI. Su famoso rayo de la muerte, de tan cinematográfico nombre, fue el colofón, para imaginar los más peregrinos complots. Dejaremos de lado su supuesta responsabilidad en terremotos, cambios climáticos y fenómenos extraños (ya reseñados a finales del XIX durante su etapa de inventor agitado), cortinas de humo que se obstinan en mirar a donde no hay, para no ver lo evidente. Los desastres del mundo actual se deben a la acción combinada de dos siglos de industrialismo y locura lucrativa.

La torre de Wardenclyffe, donde Tesla realizó numerosos experimentos. La explosión de un cometa en Siberia, el enigma de Tunguska, se asocía por la mitología geek a una experiencia de Tesla el 30 de junio 1909.

La torre de Wardenclyffe, donde Tesla realizó numerosos experimentos. La explosión de un cometa en Siberia, el enigma de Tunguska, se asocía por la mitología geek a una experiencia de Tesla el 30 de junio 1909.

La primera parte del libro es un estudio de Miguel Ángel Delgado sobre la vida y obra, sobre la época en la que vivió Nikola Tesla y sobre su legado. El estudio es indispensable para comprender mejor al autor yugoslavo. No obstante, el trabajo adolece de cierta profundidad. En nuestra opinión, ha intentado navegar entre el academicismo de la historia y la divulgación freak. Sabido es que Tesla es muy querido por la juventud, y no tan juventud, geek (los amantes de las nuevas tecnologías e Internet) y el lenguaje, las anécdotas, van dirigidas hacia ese público. Así, el texto queda a medio camino entre un estudio serio y un texto de divulgación tangencial y poco profundo. La parte técnica y científica no está bien explicada y la contextualización económica e histórica es un poco deslavazada. Los continuos saltos temporales no ayudan a comprender bien la profunda importancia de Tesla en un momento clave de la historia del mundo. La revolución eléctrica, debida en parte a Tesla no se comprende en toda su grandeza y, al mismo tiempo, Delgado destapa la mayoría de las anécdotas jugosas de los primeros textos de Tesla, que no tienen ya de por sí demasiado interés.

En definitiva, pensamos que hubiera sido mejor separar los dos textos, escribiendo, por un lado un estudio sobre Tesla, con referencias y análisis más profundos, con un lenguaje menos coloquial y con más profundidad histórica. Y, por otra parte, haber publicado los textos de Tesla comentados y contextualizados, con preponderancia y centralidad para su artículo “El problema de aumentar la energía humana”.

Porque la primera parte de los textos de Tesla no aportan nada a lo dicho en el estudio de Miguel A. Delgado. Más al contrario, nos da una impresión de Tesla bastante negativa. Sus textos sobre su infancia, las motivaciones que le llevaron a dedicarse a la física y la invención, rozan el misticismo, y se acercan a la locura. La imagen excéntrica y exagerada se refuerza con sus propias reflexiones sobre los disturbios mentales y físicos que debió sufrir, con seguridad, durante toda su vida.

Y, sin embargo, al llegar al último texto, no podemos más que lamentar que no sea el centro del libro. Escrito nada más y nada menos que en 1900, “El problema de aumentar la energía humana” es un compendio visionario de las invenciones de Tesla, insertadas en un texto sumamente filosófico y humanista. Es decir, todo lo contrario de la impresión precedente. Tesla se revela como alguien sumamente racional y preocupado por el futuro de la humanidad. El hombre solitario y misógino, avanza preocupaciones totalmente actuales. Temas como la ecología, la sostenibilidad, la reforma agraria, el hambre, la educación, las nuevas energías limpias, los transportes, los peligros de la guerra, el nacionalismo, el fanatismo religioso, aparecen nítidamente en 1900, antes de las dos guerras mundiales de las que Tesla sería contemporáneo.

Billete yugoslavo con la efige de un ya maduro Tesla. Yugoslavia fue el único país que rememoró constantemente su figura. Hasta 1989 donde croatas y serbios no podían honrae juntos un personaje tan sinceramente yugoslavo.

Billete yugoslavo con la efigie de un ya maduro Tesla. Yugoslavia fue el único país que rememoró constantemente su figura. Hasta 1989 donde croatas y serbios ya no podían honrar juntos un personaje tan sinceramente yugoslavo.

Tesla reconoce su error al pensar que el avance tecnológico sería una garantía de la paz. La carrera armamentística que llevará, años después, al concepto de MAD, en inglés “Destrucción Mutua Asegurada”, no es ninguna garantía de paz, sino una espada de Damocles permanente que hace depender la existencia del genero humano de la buena voluntad y discernimiento de halcones extremistas. El ideólogo del Rayo de la Muerte que podría destruir ciudades enteras es un gran pacifista para quien, a pesar del utopismo, la paz no estaba en el rearme. Tesla afirmaba que: “establecer relaciones pacíficas permanentes entre las naciones sería la manera más efectiva de reducir la fuerza que retarda a la masa humana, así como la mejor solución a este gran problema de los humanos. Pero ¿se realizará jamás el sueño de la paz universal? Esperemos que sí. Cuando toda la oscuridad se haya disipado a la luz de la ciencia, cuando todas la naciones se hayan fundido en una, y el patriotismo sea idéntico a la religión, cuando solo haya una lengua, un país, un fin, entonces, el sueño se habrá hecho realidad” (2011: 266).

En el campo de la ecología, ya se preocupaba en 1900 del agotamiento de los combustibles fósiles, con una mentalidad responsable y abierta que se echa mucho de menos en nuestros políticos y conciudadanos: “Es nuestro deber para con las generaciones venideras dejarles este almacén de energía intacto o, al menos, no tocar lo hasta que no hayamos perfeccionado los procesos de combustión del carbón. Quienes vengan tras nosotros necesitarán el combustible más que nosotros mismos. Deberíamos poder fabricar el hierro que necesitamos utilizando la energía del sol, sin gastar carbón”. (2011: 272).

Nikola Tesla junto a una de sus invenciones.

Nikola Tesla junto a una de sus invenciones.

La vida del inventor Tesla merece bien el interés generado, pero tal vez está faceta de humanista sea la más interesante de su vida. Junto a ella, el hecho de que su mente privilegiada formase parte de ésas que van mucho más rápido que la corriente del tiempo, ésas que son incomprendidas, ésas de las que se aprovechan los mercachifles y los charlatanes para vendernos productos defectuosos de mala calidad en lugar de permitir que la ciencia se alíe con el disfrute y el bienestar humano. Realidades como la de la obsolescencia programada perviven porque el lucro insensato siempre triunfa sobre la genialidad desinteresada de gentes como Tesla. Su nombre puede olvidarse, pero sus intenciones, sus invenciones, perduran. Ignoradas, pero perduran, como esa bombilla incandescente que funciona, impertérrita en un parque de bomberos de California, en Livermore, desde 1901, en parte gracias al desarrollo de la corriente alterna de Tesla. Esa bombilla, se encendió por primera vez cuando Tesla acababa de escribir su artículo, hoy sigue brillando y muestra que las cosas podrían ser de manera diferente a la realidad.

Febrero 2013

Nikola Tesla & Miguel A. Delgado, Yo y la energía, Turner Noema, Madrid, 2011, 311 páginas.

PD: Muchas gracias a Pedro B. que nos prestó el libro y nos avanzó la importancia del personaje.

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