Portada de "Nadie lo ha oído", el segundo libro de Mari Jungstedt.

Portada de “Nadie lo ha oído”, el segundo libro de Mari Jungstedt.

No es necesario estar físicamente enfermo para cometer un crimen… es suficiente con estar seriamente herido” (Anders Knutas).

Todavía estoy terminando “Nadie lo ha oído” y ya ansío leer el siguiente libro de Mari Jungstedt. El género policíaco me apasiona, no sólo en literatura. Recuerdo aquellos ciclos de cine negro americano que ponían en la televisión – cuando tan sólo había dos canales – que duraban semanas y rescataban películas que hicieron que el cine negro me gustase ya para siempre. Mucho después descubrí la literatura escandinava, los libros de Jo Nesbo y el inspector Harry Hole, los de Matti Yrjänä Joensuu y el comisario Harjunpää, los de Arnaldur Indidason y el comisario Erlendur Sveinsson, o los de Stieg Larsson y Lisbeth Salander. Ahora le toca a Mari Jungstedt y su comisario Anders Knutas.

No se trata de un personaje oscuro y misterioso como los demás, sino más bien luminoso, debido tal vez a su entorno feliz y a su propia visión del mundo. Algo inédito en la literatura negra que, sin embargo, fascina por crear un enorme contraste con la violencia y las sombras del ser humano. Sentimos la excitación de Anders Knutas, la tensión impaciente ante un caso. Mari Jungstedt nos deja en varias ocasiones a solas con él cuando se retira a su despacho “como una araña en la tela para reunir todas sus fuerzas”, se sienta en su viejo sillón donde piensa mejor. Nos hace partícipes de sus pensamientos mientras rellena o vacía su pipa y fuma en silencio, repasando todos los pormenores de la investigación, intentando no olvidar ningún indicio que podría ser determinante para resolver un caso. Es excitante meterse en la piel de un auténtico comisario de policía quien, a su vez, se mete en la cabeza del criminal, y también en el de la víctima. Al contrario de lo que pueda parecer, concluir un caso no tiene un efecto liberador para Knutas, una vez resuelto el enigma sólo siente cansancio y un enorme vacío.

Lector omnisciente

A lo largo de capítulos cortos seguimos las investigaciones policiales y periodísticas, a los criminales, a las víctimas y a los personajes principales. Las historias de unos y de otros se entrelazan y cruzan a lo largo de tan sólo unas semanas. La autora retrata poco a poco a los personajes principales y secundarios, de los que nos hacemos una idea sólo con cuatro pinceladas. Los conocemos realmente cuando nos adentramos en sus mentes – policía, periodista, criminal o víctima – a través de sus reflexiones.

Entre los momentos más esperados se encuentran las reuniones del equipo encargado de la investigación, donde se discuten los pormenores de la misma, donde nos revelan nuevos elementos, nuevas pistas que enriquecen la investigación,… los interrogatorios a los sospechosos o a aquellos que ayudarán a avanzar en la investigación. El lector se convierte en investigador. En cuanto la autora nos presenta un personaje nuevo, no podemos dejar pasar un detalle, que puede ser vital para una investigación que el propio lector lleva a cabo por sí mismo. Un ejercicio apasionante y muy recomendable para los futuros lectores del género negro.

Anders Knutas acompañado de su inseparable Karin Jacobsson.

Anders Knutas acompañado de su inseparable Karin Jacobsson en la adaptación a la televisión sueca de los libros de Mari Jugstedt.

Binomios perfectos

En el género negro el protagonismo de los detectives en pareja es todo un clásico, el binomio comisario/detective es una fórmula perfecta que le da un impulso a la acción. Anders Knutas va acompañado siempre de su más cercana colaboradora, la capitán Karin Jacobsson, inteligente, franca y valiente, su confidente. Tras años de estrecha colaboración se comprenden sin hablar.

Pero Mari Jungstedt introduce en sus libros otro binomio perfecto: contrapone el papel del policía al del periodista Johan Berg, que trabaja como reportero criminalista y es enviado especial de una cadena de televisión a Gotland. Ambos tienen que hacer su trabajo y, debido a ello, surgen conflictos y tensiones. La relación que se crea entre ambos personajes protagonistas evoluciona a lo largo de los libros. El periodista Berg perturba las investigaciones de Knutas, que tiene que ceder terreno ante la necesidad de hacer públicas informaciones sobre los crímenes. Poco a poco la relación se va haciendo más compleja. Berg resulta ser un periodista inteligente y honrado, y sobre todo un avezado investigador y Knutas acaba reconociendo que bien podría ser un estupendo policía. La autora explora el antagonismo de estos personajes que en ocasiones resultan más bien complementarios.

Un mapa de la isla de Gotland, indispensable para meternos en la piel de Knutas.

Un mapa de la isla de Gotland, indispensable para meternos en la piel de Knutas.

El mundo del periodismo

Mari Jungstedt introduce un nuevo ingrediente en la trama, algo que ya habíamos visto en los libros de Liza Marklund: el mundo del periodismo. Ella misma fue periodista y productora en la televisión y en la radio durante varios años, lo cual le ofrece una base sólida en la que inspirarse para crear el atractivo personaje de Johan Berg, un periodista concienzudo que trabaja bien sus fuentes antes de escribir sobre un tema, que ama su trabajo, sobre todo el aspecto imprevisible. Con Johan Berg experimentamos la excitación de sentirse en el centro de los acontecimientos; para él los sucesos son el campo más palpitante del periodismo. La autora pretende acercarnos al auténtico periodismo de investigación.

Nos introducimos en el mundo de la redacción de los informativos de una cadena de televisión donde el ritmo es desenfrenado, asistimos a las apasionadas discusiones sobre la pertinencia de los reportajes del día que pueden llegar a ser muy estimulantes… Hacemos nuestras las reflexiones de Berg sobre los cambios de los últimos años, donde las prisas impiden un necesario tratamiento de las imágenes – la fuerza de la televisión -, lo cual repercute en la creatividad y en la calidad de los reportajes. Pero también las reflexiones sobre la ambición de informar por encima de todo sin pensar en las consecuencias. Los debates éticos se convierten en un tema interesante en los libros de Mari Jungstedt.

Viaje a la isla de Gotland

Gracias a la literatura podemos viajar, conocer otros lugares a los que tal vez nunca iremos. De la mano del comisario Anders Knutas recorremos la isla sueca de Gotland, un lugar paradisíaco con sus largas playas de arena blanca, desde Farö – islote situado al norte escogida por políticos y artistas como Igmar Bergman para vivir todo el año -; pasando por las landas de Lojsta; pueblos de veraneo muy populares como Aminne, al noreste de la isla; la playa de Fröjel, en la costa oeste de Gotland, enfrente las islas de Stora y Lilla Karlsö; el pueblo pesquero de Närshamn; una aldea aislada en När, al este de la isla. Y, por supuesto, Visby, la capital de Gotland, con su recinto amurallado del siglo XIII de más de tres kilómetros, considerado como uno de los mejor conservados de Europa, sus callejuelas estrechas, la catedral de Notre-Dame con sus torres negras, las casas pintorescas colgantes en el barrio de Klinten, …y como telón de fondo, el mar… Gotland, un paraíso y, sin embargo, escenario de múltiples crímenes.

Raukars, formaciones de piedra caliza en la isla de Farö (Gotland). Foto de Scotten (PeA).

Raukars, formaciones de piedra caliza en la isla de Farö (Gotland). Foto de Scotten (PeA).

El contrapunto de Gotland, Estocolmo, al que viajamos con Johan Berg quien no se imagina vivir en otro lugar que no sea Södermalm, en pleno corazón de la capital, frente al río Riddarfjärd y la magnífica isla verde Langholmen. Berg es un auténtico urbanita que, sin embargo, se siente cada vez más atraído por la isla de Gotland. Asistimos poco a poco a su transformación. Así como a la de Estocolmo, que tan pronto es un lugar donde uno puede sentirse libre, vivir en el anonimato, en continuo movimiento, como un lugar deprimente, donde los atascos, la agitación, la velocidad están a la orden del día, donde las miradas de la gente apenas se cruzan. En contraste, la calma de la isla de Gotland, tiempo para hablar, para vivir…

Del frío invernal sueco al “Midsomer

En los diferentes libros de Mari Jungstedt vivimos el invierno sueco, como en “Nadie lo ha oído” (2004) donde unos rayos de sol se convierten en un regalo en un lugar donde las horas de luz son pocas, donde el frío y el viento del norte glacial invitan a muchos de los personajes a beber un Schnaps o un chocolate para calentarse. Paseamos con Anders Knutas en plena Navidad por las calles iluminadas de Visby, suenan villancicos, hay puestos de vino y pan de jengibre, bailes alrededor del gran árbol de Navidad de la Plaza,…tal vez un ambiente ideal para cometer un crimen.

Habitantes de Gotland bailan en torno al árbol de Midsomer.

Habitantes de Gotland bailan en torno al árbol de Midsomer.

También conocemos la primavera de Gotland en “Nadie lo ha visto” (2003), justo antes del verano y de la temporada turística. Y vivimos la noche de San Juan, contrapunto al día más largo, los días más claros del año, el Midsomer” típicamente sueco. Nos sentamos a la mesa de Anders Knutas decorada con flores silvestres, comemos las exóticas especialidades suecas: arenque marinado con mostaza, arenque al Schnaps, arenque a la sal, arenque con sherry…patatas con eneldo, pan ázimo de todas las clases,…Vivimos el solsticio de verano en medio de un jardín con el árbol decorado de San Juan…Junto a Knutas, intentamos olvidar la investigación, que no avanza…aunque sentimos que algo va a pasar…porque siempre pasa algo.

A la vista de todos y que nadie ve

Mari Jungstedt nos habla de otros culpables, de los que rodean a las víctimas, de la propia sociedad que no se hace responsable. En sus libros habla de problemas de alcoholismo, indigencia, abusos sexuales, abandono familiar, infancia infeliz, soledad… Las relaciones padres-hijos son a veces una especie de hilo conductor de las investigaciones. Es interesante darse cuenta cómo las historias de las víctimas y de los criminales se parecen demasiado en algunos casos, personas que están a la vista de todos y que nadie ve”.

Knutas siempre acaba cara a cara con la soledad de la víctima, yendo al auténtico problema que la llevó al desastre. Reflexiona sobre la vida de los criminales, historias de odio acumulado, la imposibilidad de relacionarse y construir una vida social. Knutas concluye que “no es necesario estar físicamente enfermo para cometer un crimen… es suficiente con estar seriamente herido”.

Nadie lo ha visto”, Mistery Plus, Maeva, 2003, 264 páginas.

Nadie lo ha oído” , Mistery Plus, Maeva, 2004, 272 páginas.